Tenemos de todo… menos sentido: cómo nuestro cerebro nos está robando la felicidad sin que nos demos cuenta

Vivimos en la época más cómoda de la historia. Nunca hubo tantos avances, tantas opciones, tantas pantallas, tanta comida a domicilio y tantos cursos para “ser feliz”. Y sin embargo… la gente está más ansiosa, más perdida y más cansada que nunca. Algo no cuadra.

Iain McGilchrist, en su ensayo The Divided Brain and the Search for Meaning, pone el dedo justo en esa llaga incómoda: quizá el problema no esté en la sociedad, ni en la economía, ni siquiera en la política, sino en cómo estamos usando nuestro propio cerebro.

La idea es tan simple como inquietante: tenemos dos formas muy distintas de relacionarnos con el mundo. Una es práctica, rápida, analítica, obsesionada con medir, clasificar, optimizar y controlar. La otra es más lenta, más profunda, más atenta al contexto, a las relaciones, a lo que las cosas significan y no solo a lo que sirven.

El problema no es que una sea mala. El problema es que una ha tomado el control absoluto.

Hoy miramos el mundo como si fuera una hoja de Excel. Todo son métricas, objetivos, rendimiento, productividad, diagnósticos, etiquetas, números. Incluso las personas se convierten en perfiles, historiales, estadísticas o “casos”. Y sin darnos cuenta, hemos cambiado vivir por gestionar.

El resultado es una sensación rarísima: lo tenemos todo… pero nada parece suficiente. Trabajamos para llegar al viernes, viajamos para subir fotos, hacemos cosas para poder contarlas, no para vivirlas. Estamos ocupados, pero no presentes. Informados, pero no orientados. Conectados, pero no vinculados.

McGilchrist dice algo muy incómodo: no es que nos falte información, nos falta atención de verdad. Atención abierta, profunda, humana. Esa que no busca usar las cosas, sino comprenderlas. Esa que no fragmenta la realidad en trocitos, sino que la ve como un todo con sentido.

Y claro, cuando el mundo se vuelve solo un conjunto de piezas sueltas, la vida también se vuelve así: una lista de tareas, una sucesión de objetivos, un proyecto que nunca se acaba. Mucha eficiencia. Poco significado.

La solución no es tirar la tecnología al mar ni volver a las cavernas. Es algo más difícil: volver a poner en su sitio la forma de mirar el mundo. Usar la mente analítica como herramienta, no como jefa. Recuperar la experiencia directa, el contexto, la profundidad, la relación con las cosas y con las personas.

Porque, al final, igual no estamos tristes por lo que nos falta… sino por la forma en que estamos mirando todo lo que ya tenemos.

📚 Referencia bibliográfica

McGilchrist, Iain.

The Master and His Emissary: The Divided Brain and the Making of the Western World. Yale University Press, 2009.

1️⃣ La división de la mente y la cultura moderna

Autor: Iain McGilchrist

Libro: The Master and His Emissary

➡️ Idea clave: No solo el cerebro está dividido; nuestra cultura también ha adoptado una forma de ver el mundo excesivamente parcial y reduccionista.

2️⃣ El exceso de racionalidad puede vaciar el sentido

Autor: Max Weber

Libro: La ética protestante y el espíritu del capitalismo

➡️ Idea clave: La racionalización extrema hace el mundo más eficiente… pero también más frío, más mecánico y menos significativo.

3️⃣ El problema no es la falta de cosas, es la falta de sentido

Autor: Viktor Frankl

Libro: El hombre en busca de sentido

➡️ Idea clave: El ser humano no necesita solo bienestar, necesita significado para no sentirse vacío.

4️⃣ Vivimos en la era de la distracción permanente

Autor: Byung-Chul Han

Libro: La sociedad del cansancio

➡️ Idea clave: El exceso de estímulos, objetivos y productividad destruye la atención profunda y genera agotamiento existencial.

5️⃣ Hemos cambiado la experiencia por el control

Autor: Martin Heidegger

Libro: La pregunta por la técnica

➡️ Idea clave: La mentalidad técnica moderna nos hace ver el mundo como un recurso a explotar, no como algo con sentido propio.

No estamos infelices porque nos falten cosas, sino porque hemos aprendido a mirar el mundo de una forma que destruye el sentido.