¿Por qué mi mente se va por las ramas (y la tuya también)?
Imagínate esto: estás lavando los platos, y en vez de pensar en el agua caliente o en lo resbaloso que está el jabón, tu cerebro se pone a recordar esa discusión que tuviste hace tres días. O peor, empieza a inventarse escenarios que nunca van a pasar. ¿Te suena familiar? Pues no estás solo. Un estudio de Harvard publicado en Science en 2010 demostró que casi la mitad del tiempo estamos con la cabeza en otra parte. ¡El 46,9% para ser exactos! Y lo más loco: divagamos incluso cuando hacemos cosas que requieren atención… excepto cuando tenemos sexo (parece que eso sí nos atrapa al 100%).
Lo que descubrieron estos investigadores es que nuestra mente está más ocupada fantaseando sobre lo que va a pasar que recordando el pasado. Y aunque eso podría sonar útil —“soñar es gratis”, ¿no?— la realidad es que divagar tanto nos deja… tristes. La gente que más se distraía mentalmente reportaba sentirse menos feliz, incluso cuando las fantasías eran neutrales. Y en casos extremos, cuando el viaje mental se vuelve obsesión con el pasado, entramos en terreno peligroso: la rumiación, la culpa, y sí, la depresión.
Lo más desconcertante de todo es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que nuestra mente se fue a dar una vuelta. Esos momentos, los que no detectamos, son los que más nos impactan emocionalmente. O sea, no es solo que pensemos demasiado, es que ni nos enteramos de que lo estamos haciendo.
Entonces, ¿qué podemos hacer con esta información? Primero, ser conscientes. Segundo, entender que divagar no es del todo malo si lo sabemos manejar. Y tercero, saber que hay herramientas, como la meditación o el mindfulness, que pueden ayudarnos a volver al presente.
The Shape of Things Unseen – Adam Zeman